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¿Cuánto vale la “Cena” del Señor?

Por: José Carvajal

 La  “cena” del Señor,  es la columna vertebral de la adoración de la iglesia del Señor (I Cor. 11: 23 – 26)

La traducción “cena”, viene del Gr. “deipnon”,    que significa “comida principal del día” (W. E. Vine)

Otros términos Bíblicos son:  “comunión” (I Cor. 10: 16);  “partimiento del pan” (Hch. 2: 42, 46; 20: 7)

 

I.  Todo cristiano sabe que debe participar de la “carne” y la “sangre” de Cristo cada primer día de la semana (todos los domingo), pues, ese es el propósito principal de la reunión de ese día (Hch. 20: 7)

A.      La “cena” del Señor debe realizarse sin hacerle cambios, siguiendo las instrucciones que dejó el Señor en su gloriosa palabra (Mat. 26: 26 –29; Mc. 14: 22 – 25; I Cor. 11: 23 – 29)

B.      Los corintios pecaron al no seguir las instrucciones del Señor (I Cor. 11:  20 – 22, 17; 10: 21)

 

II.  No debemos asistir para celebrar la comunión por mero formalismo o porque nos sentimos obligados.

A.      Este día es muy especial, es “el día del Señor” (Ap. 1: 10);  de su resurrección (Mc. 16: 9) 

B.      Fue predicho que nos gozaríamos en Él en ese día (Sal. 118: 22 – 24)

1.       ¡Que alegría! ¡Que gozo! Saber que somos uno en el Señor (I Cor. 10: 17)

 

III.  ¿Vamos a tomar la cena del Señor obligados (de mala gana) o voluntariamente? (I Tim. 3: 15)

A.      Algunos van a participar del culto porque se siente obligados. Pero eso no debe ser así.

B.      Pongo un ejemplo que quizás no sea el más adecuado pero es el único que se me ocurre:

1.       A nadie le gusta ir al dentista, pero voluntariamente va, aunque, la ultima vez el odontólogo le taladró allá profundamente, hasta hacerle ver estrellas, pero  voluntariamente  va, por  una carie, etc.; usted va voluntariamente, nadie le obliga.

C.      Otro ejemplo:

1.       María está disgustada con su madre Rosa y la abuela Carmen le ruega a Maria que le de un beso a su madre y esta se niega, la abuela con más ruegos insiste hasta que por fin María acepta de mala gana darle un beso a su madre.

2.       ¿De mala gana? ¿Obligada besó a su madre? ¡Con  ósculo de Judas besó a su madre!

D.      ¿Es eso normal? Tampoco lo es ir al  sagrado culto de Dios de sintiéndome obligado.

1.       Tengo que ir voluntariamente a agradecerle a Dios sus favores y a darle gloria.

 

IV.  Vendiéndose como Judas por los problemas económicos.

A.      Si me ofrecen quinientos mil bolívares para no ir a tomar la cena del Señor, dejo lo quinientos mil y me voy a tomar la cena del Señor.  ¡Esa cantidad es muy poco dinero!

B.      Pero si me ofrecen un millón de Bs. No, que va, los dejo y me voy, todavía es muy poco.

C.      Mejor aún, si me ofrecen mil millones de bolívares. Sí, mil millones, para no ir a tomar la cena del Señor, dejo los mil millones. Sí, los dejo y me voy a tomar la cena del Señor.

D.      ¿Por qué los dejo? ¿No resolvería muchos problemas económicos?

1.       Todo el dinero del mundo no tienen el valor de una sola cena del Señor.

 

V.  La cena del Señor le da toda la gloria a Dios.

A.      Una sola cena del Señor le da más gloria a Dios, que la que puedan tributarle juntos todos sus santos de todos los tiempos y ángeles. ¿Por qué?  Por son criaturas. Es gloria de la creación.

B.      Pero la cena del Señor es gloria del Hijo de Dios, es el recuerdo del sacrificio de la cruz, que es gloria eterna.

 

IV.  Pero, ¿si usted tiene algún malestar físico, enfermo, etc.?

A.      Y si le dicen que en un lugar, nada más por hoy, están regalando un millón de bolívares.

1.       Usted va con malestar y todo para recibir el millón ¿O no? ¡Se le quitó el malestar!

B.      Yo creo que es cuestión de sincerarnos con Dios.

1.       Hay ausencias que sí se justifican porque de verdad uno esta enfermo.

2.       Pero recuerde, una sola cena del Señor, no se compara cuantitativamente con nada .

3.       Aquellos que ven en las ganancias económicas primero y después la Cena del Señor,  les viene bien las palabras de Pedro: “...Tu dinero perezca contigo,... tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete... de esta tu maldad...” (Hch. 8: 18 – 23)    

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